lunes, 9 de septiembre de 2013

El recuerdo de un gran olvido - Cuento para el concurso.

Quizás debería haber pensado más a la hora de actuar. Recordé todo el dolor que había sentido pero sabía que tenía razones para volver, la felicidad de un pasado no muy lejano, el recuerdo de un gran olvido.
-Prometí que jamás te dejaría –dijo él-. Aquí estoy.
-Creí que no te volvería a ver, ni escuchar.
El 22 de diciembre, me encontraba sentada sobre una banca en el parque de la cuidad, junto al Río Solan. Necesitaba tranquilidad y era el único lugar donde la podía obtener. La brisa, el silencio, el movimiento del río y el tranquilizador sonido de las hojas al caer sobre el suelo hacían que mi mente se despejara y que por momentos olvidara los problemas que me azotaban.
Mi vida era algo precipitada, aún no podía superar la muerte de mis padres en un accidente. Me hallaba destrozada por dentro pero por fuera trataba de mostrarme fuerte y valiente, no necesitaba las palabras ni el consuelo de nadie, sabía que yo sola podría seguir. Mi nombre es Valentina, nací en un pueblo pequeño al oeste de la gran ciudad. Me crié en una familia muy conservadora, con grandes valores. Desde pequeña, mis padres me inculcaron el amor, la valentía y las ganas de luchar, como seguir adelante. Al morir me encontré sola en este mundo, sin saber donde refugiarme, sola.
Había leído Final del juego de Julio Cortázar y concluida mi lectura estaba por marcharme nuevamente rumbo a la cuidad, cuando de repente algo me cambió, sentí algo que jamás había sentido, era un sentimiento extraño. Mis ojos se iluminaron, mi corazón latió con más fuerza, no entendía que era lo que me pasaba. No sabía que recordaría este día, ahora y por siempre. Al levantarme se me cayó un libro, alguien lo tomó y me lo devolvió. Solo con verlo supe que era él. Sin buscarlo lo encontré. Comenzamos hablando de cosas triviales, sin importancia alguna. Su nombre era Natanael, vivía cerca, no olvido sus ojos color café que mostraban serenidad y complicidad. Me inspiraba tanta confianza y tranquilidad, en él encontré lo que por tanto tiempo esperaba y necesitaba. Era tan sabio e inteligente que amaba poder conversar con él, sentía un gran alivio. Dentro de la sociedad donde a nadie le interesa lo que le sucede al otro, sentía que era la única persona que me entendía.
Al cabo de unos meses éramos inseparables. Creía que era una ilusión pero era verdad, estaba feliz. Mis esperanzas, sueños, todo era bueno.
Repentinamente aquel hermoso sueño se tornó en pesadilla y mi felicidad se volvió tristeza. Había un gran caos, todo era gritos de desesperación. Natanael solo me abrazó, tomó mi mano y me dijo que todo estaría bien. Ocurrió de una manera tan trágica, no recuerdo claramente cómo fue. El Huracán Cosme se llevó todo a su paso, pocos fuimos los sobrevivientes. Durante muchos días, estuve junto al equipo de rescate buscándolo pero no tuvimos ningún resultado. Pasaron los meses y no hubo noticias, jamás se supo nada de él.
Nuevamente se adueñó de mí la agonía. Desganada, sin razón para seguir, desamparada, volví a respirar los aires de la soledad. Las turbulentas aguas de la vida me derribaron una vez más con un golpe tan fuerte del cuál apenas pude recobrarme. Por eso decidí alejarme, para olvidar, para continuar. Pasó mucho tiempo ya. Las heridas aún duelen mucho.
Quizás debería haber pensado más a la hora de actuar. Recordé todo el dolor que había sentido pero sabía que tenía razones para volver, la felicidad de un pasado no muy lejano, el recuerdo de un gran olvido.
-Prometí que jamás te dejaría –dijo él-. Aquí estoy.
-Creí que no te volvería a ver, ni escuchar.
Me fui para olvidar, no lo logré. Un llamado lo cambió todo, me devolvió la vida, la felicidad. El capitán García me dio la noticia, él estaba vivo, lo encontraron. Me fui para olvidar, un olvido que no fue concretado. Nunca podría olvidar todo aquello que finalmente me hizo ser quién soy. 
Al llegar pude verlo, corrí a abrazarlo.
-Al pasar todo desperté y no recordaba ni mi nombre, es por eso que estuve durante meses vagando sin saber quién era. Alguien me reconoció y así fue como me encontraron, poco a poco fui recordando y así es como hoy estoy acá.

Ya han pasado muchos años de aquel suceso, nos mudamos y formamos una familia. Soy realmente feliz y todas las cosas que pasaron, no son más que un recuerdo, algo del olvido.

Consigna: escribir un cuento con una extensión de dos carillas, elegir una de las dos estéticas vistas y utilizar hasta 4 procedimientos vistos. 

jueves, 6 de junio de 2013

Experiencia de escritura: Amor de Silvina Ocampo.

Consigna: Luego de leer el comienzo del cuento Amor de Silvina Ocampo continuar la historia.

Un día, exactamente a las once cuando tomábamos el caldo como siempre, Henrry me dijo lo feliz que estaba por nuestro viaje y lo mucho que me amaba. No recuerdo concretamente que contesté pero le expresé mi concordancia y le dije que también lo amaba. Seguimos conversando sobre las actividades que realizaríamos. En ese mismo momento nuestras vidas cambiaría, en segundos los sabríamos.
La gente comenzó a correr y se escuchaban gritos. Ninguno entendía nada hasta que lo vimos con nuestros propios ojos. Una ola gigante azotó nuestro barco.
La desesperación de adueñó de mí, no podía encontrar a Henrry. Recuerdo que lo último que oí fue su risa mientras me abrazaba y decía que todo iba a estar bien.
Nunca más lo encontré, nunca más pude oír su dulce voz. Ambos caímos en el Pacífico donde se produjo un tsunami, que sin previo aviso arruinó nuestras vidas.
Aún lo recuerdo, tiemblo al escuchar el sonido del agua y lloro al contar esta historia porque jamás volví a verlo, jamás pude darle esa noticia importante que quería decirle y jamás pudo conocer a James, nuestro hijo, Nunca lo supo. Él me da la esperanza y las ganas de seguir adelante, me recuerda tanto a su padre. Aunque ya pasaron diez años, lo extraño, y sigo con la esperanza de encontrarlo.