Quizás debería haber pensado más
a la hora de actuar. Recordé todo el dolor que había sentido pero sabía que
tenía razones para volver, la felicidad de un pasado no muy lejano, el recuerdo
de un gran olvido.
-Prometí que jamás te dejaría
–dijo él-. Aquí estoy.
-Creí que no te volvería a ver, ni
escuchar.
El 22 de diciembre, me encontraba
sentada sobre una banca en el parque de la cuidad, junto al Río Solan.
Necesitaba tranquilidad y era el único lugar donde la podía obtener. La
brisa, el silencio, el movimiento del río y el tranquilizador sonido de las
hojas al caer sobre el suelo hacían que mi mente se despejara y que por
momentos olvidara los problemas que me azotaban.
Mi vida era algo precipitada, aún
no podía superar la muerte de mis padres en un accidente. Me hallaba destrozada
por dentro pero por fuera trataba de mostrarme fuerte y valiente, no necesitaba
las palabras ni el consuelo de nadie, sabía que yo sola podría seguir. Mi
nombre es Valentina, nací en un pueblo pequeño al oeste de la gran ciudad. Me
crié en una familia muy conservadora, con grandes valores. Desde pequeña, mis
padres me inculcaron el amor, la valentía y las ganas de luchar, como seguir
adelante. Al morir me encontré sola en este mundo, sin saber donde refugiarme,
sola.
Había leído Final del juego de
Julio Cortázar y concluida mi lectura estaba por marcharme nuevamente rumbo a
la cuidad, cuando de repente algo me cambió, sentí algo que jamás había
sentido, era un sentimiento extraño. Mis ojos se iluminaron, mi corazón latió
con más fuerza, no entendía que era lo que me pasaba. No sabía que recordaría
este día, ahora y por siempre. Al levantarme se me cayó un libro, alguien lo
tomó y me lo devolvió. Solo con verlo supe que era él. Sin buscarlo lo
encontré. Comenzamos hablando de cosas triviales, sin importancia alguna. Su
nombre era Natanael, vivía cerca, no olvido sus ojos color café que mostraban
serenidad y complicidad. Me inspiraba tanta confianza y tranquilidad, en él
encontré lo que por tanto tiempo esperaba y necesitaba. Era tan sabio e
inteligente que amaba poder conversar con él, sentía un gran alivio. Dentro de
la sociedad donde a nadie le interesa lo que le sucede al otro, sentía que era
la única persona que me entendía.
Al cabo de unos meses éramos
inseparables. Creía que era una ilusión pero era verdad, estaba feliz. Mis
esperanzas, sueños, todo era bueno.
Repentinamente aquel hermoso
sueño se tornó en pesadilla y mi felicidad se volvió tristeza. Había un gran
caos, todo era gritos de desesperación. Natanael solo me abrazó, tomó mi mano y
me dijo que todo estaría bien. Ocurrió de una manera tan trágica, no recuerdo
claramente cómo fue. El Huracán Cosme se llevó todo a su paso, pocos fuimos los
sobrevivientes. Durante muchos días, estuve junto al equipo de rescate
buscándolo pero no tuvimos ningún resultado. Pasaron los meses y no hubo
noticias, jamás se supo nada de él.
Nuevamente se adueñó de mí la
agonía. Desganada, sin razón para seguir, desamparada, volví a respirar los
aires de la soledad. Las turbulentas aguas de la vida me derribaron una vez más
con un golpe tan fuerte del cuál apenas pude recobrarme. Por eso decidí
alejarme, para olvidar, para continuar. Pasó mucho tiempo ya. Las heridas
aún duelen mucho.
Quizás debería haber pensado más
a la hora de actuar. Recordé todo el dolor que había sentido pero sabía que
tenía razones para volver, la felicidad de un pasado no muy lejano, el recuerdo
de un gran olvido.
-Prometí que jamás te dejaría
–dijo él-. Aquí estoy.
-Creí que no te volvería a ver, ni
escuchar.
Me fui para olvidar, no lo logré.
Un llamado lo cambió todo, me devolvió la vida, la felicidad. El capitán García
me dio la noticia, él estaba vivo, lo encontraron. Me fui para olvidar, un
olvido que no fue concretado. Nunca podría olvidar todo aquello que finalmente
me hizo ser quién soy.
Al llegar pude verlo, corrí a
abrazarlo.
-Al pasar todo desperté y no
recordaba ni mi nombre, es por eso que estuve durante meses vagando sin saber
quién era. Alguien me reconoció y así fue como me encontraron, poco a poco fui
recordando y así es como hoy estoy acá.
Ya han pasado muchos años de aquel
suceso, nos mudamos y formamos una familia. Soy realmente feliz y todas las
cosas que pasaron, no son más que un recuerdo, algo del olvido.
Micaela, muy interesante el cuento. Debo marcarte que si las oraciones comienzan con el circustancial de tiempo: Ayer, caminè hacia el lago. Debe usarse comas, hay algunas en tu cuento. Por otra parte, me gustarìa, si estás de acuerdo que reformules el inicio, ya que complementa el final(si mal no entendì, se reencontrará con el muchacho). Podría haber un diàlogo entre ellos, una descripciòn del reencuentro, lo que se te ocurra. te felicito pot tu gran desempeño en el proyecto.
ResponderBorrar¡Gracias profe por comentar y darme su opinión!Ahora arreglo eso que me marcó y reescribo el principio.
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